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20 Minutos que cambiaron mi vida.

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20 Minutos que cambiaron mi vida.

Mensaje  Helena Stark el Mar Jul 26, 2011 10:05 pm

Estaba sentada en un café de Los Ángeles. Mi asqueroso departamento se había inundado gracias a que mi inteligentísimo vecino de arriba había dejado el agua de su bañera corriendo. Así que… tuve que seguir con mi trabajo en el único lugar de Los Ángeles donde me podía sentir bienvenida, en casa y entre amigos debido a que era cliente recurrente de ahí.
Ya era un año desde que había llegado a la soleada ciudad de Los Ángeles y apenas unos meses que había conseguido mi licencia en mi carrera, claro, como muchos vine con la intención de hacer mis sueños realidad, al menos unos cuantos de miles que tenía.

Desafortunadamente durante esos intentos de cumplir mis sueños, había sido rechazada de sesenta y cuatro trabajos –lamentablemente no se trataba de una broma- y había sido despedida de los únicos dos que había conseguido, que por supuesto nada tenían que ver con mis sueños.
Así que, claramente sentía que estaba cayendo a un pozo sin fondo, que era peor que tocarlo puesto que de alguna forma una vez habiendo tocado fondo había manera de salir.

Graduada de veintitrés años, sin trabajo, viviendo en la soleada ciudad de L.A. en un asqueroso departamento. El sueño de cualquiera ¿no? Especialmente desde que Los Ángeles es una ciudad donde casi todo puede volverse realidad… después de Nueva York.
Me quedé sentada en la mesa de la esquina más recóndita del acogedor Tea Bar. En la parte más lejana posible a la puerta y probablemente también de la gente, sólo una mesa doble estaba cerca de mi mesa y ésta usualmente permanecía vacía. Yo era la única sentada de ese lado del salón junto con mi taza de té.

Y ahora que lo pensaba, tenía que ingeniármelas para conseguir un empleo a la voz de ya, puesto que mis ahorros estaban a punto de agotarse y la única solución hasta ahora era revisar, corregir y aumentar mi currículo. Tenía mi té de arándano y menta en la mano, mientras cuidaba de no derramar el líquido en mí ya algo destartalada mini computadora que tenía desde que había comenzado mi carrera.

Se suponía que iba estudiar Medicina y mi tío me acomodaría en alguno de los hospitales civiles de la Ciudad de México, ninguna de las dos sucedió. Decididamente, terminado mi carrera de psicología, decidí venir a Los Ángeles con el propósito de encontrar algún promotor que quisiera vender mis libros, ah, porque también era una escritora frustrada, para así tener dinero suficiente y poder poner mi propio consultorio para dar terapia a niños. Sí, así es… cinco años de estudios y desvelos para terminar siendo una psicóloga desempleada con aspiraciones a escritora seriamente frustrada.
Me sentía tan apenada con mis padres que opté por romper contacto con ellos, a excepción de unas cuantas señales de vida a lo largo de los primeros ocho meses que residí en Los Ángeles, ahora, ya no tengo suficiente dignidad como para enviarles siquiera una postal. Así que sí, el dinero que se suponía utilizaría para poner mi consultorio que había soñado desde el primer año de secundaria se había escapado en rentas, cuentas y todo lo demás.

Así que, en conclusión ahora me quedaban probablemente unos cinco mil dólares en la cuenta y éstos parecían con toda razón estar a punto de acabarse mucho antes de que yo encontrase un trabajo estable. De todas formas , creo que estoy algo optimista, creo que aun puedo lograr algo antes de tener que comenzar a vender mis cosas y hacer cosas desesperadas por conseguir dinero.

Le di un buen sorbo a mi té, ya distraída de mi trabajo. Entonces noté que un par de hombres altos y delgados se adentraron al local hablando en voz baja y soltando una que otra risita. Pidieron dos teteras con tés diferentes y se sentaron justamente en la mesa donde nadie se sentaba. Estaban justamente frente a mí, así que bien podrían pensar que miraba hacia ningún lugar y ellos desafortunadamente se atravesaban en mi camino. Le daban la espalda a la puerta y habían dejado de conversar, hasta parecía que no estaban acompañándose. ¿Un par de patéticos perdedores sentándose solos y a la vez acompañados, como yo? No, sólo estaban tomando el té en silencio. Puse algo más de atención a través de mis lentes para leer y para mi sorpresa descubrí dos hombres con un sorprende parecido físico. Ambos usaban sudaderas con gorros ambos lo llevaban puesto.

Uno era increíblemente blanco, tomando como referencia a los increíbles bronceados de la ciudad, casi podía jurar que podría ver a través de él si me lo propusiera. Cabello negro, quizá corto, unos mechones negros y gruesos caían frente a su rostro. El otro llevaba cabello negro también, pero lo llevaba largo y trenzado... un poco más adoc a la ciudad.

Iban vestidos de forma casi idéntica. Ambos llevaban pantalones azul oscuro con tenis negros y gafas oscuras… pese a que no las necesitaban dentro ¿o será que no lo sabían? Sin embargo, uno parecía haber comprado las tallas más ajustadas que había encontrado y el otro había tenido que conformarse con tallas dos veces más grandes que él. “Peor es nada” pensé para mí y una sonrisa se me escapó. Me sorprendió que la parejita me devolviera la sonrisa, miré vagamente a sus alrededores para disimular un poco y quizá hacerlos pensar que no les sonreía a ellos y era otra de esas personas locas que andan por ahí en Los Ángeles.

Estaban sentados ahí, bebiendo de su té, intercambiando una que otra palabra y mirando vagamente sus teléfonos y a la gente que estaba en el local. Realmente habían llamado mi atención, así que ahora no podía evitar lanzar unas cuantas miradas furtivas mientras seguía corrigiendo mi estúpido currículo. Después de quizá uno diez minutos, noté que mi té se había terminado así que me levanté con la intención de pedir otro.

- Otro de arándano y menta, por favor- pedí con gesto aburrido.

- En seguida- me sonrió el efusivo cajero que probablemente ya se había acostumbrado a mis largas estadías ahí.

Miré en dirección de mi laptop, seguía ahí. Por supuesto ¿quién iba a querer llevarse semejante chatarra? No tenía ningún sentido, un aplauso y un Nobel para mí.

- Disculpa- me dijo alguien tras mío. Dudé y lancé una mirada rápida hacia atrás y volví a poner atención a cómo hacían mi té.- Disculpa- ésta vez se animó a tocarme el hombro. Me giré y observé al gigantesco hombre de cabello trenzado dedicándome una sonrisa tímida.

- ¿Sí?

- ¿Te encuentras bien?- preguntó instantáneamente.

Pues bien, podía haber muchas, bastantes respuestas a esa pregunta. Hice una larga pausa y con una voz tan baja y aguda como la de un ratón dije “Sí, gracias”.

-¿Esperas a alguien?- volvió a preguntar. Me sentí algo acosada, sí… casi sentí ganas de salir corriendo de ahí ante su sonrisa algo seductora.

-No- Me giré y pagué mi té mientras lo recibía, le di un tímido sorbo. Pese a que el alto llevaba lentes, claramente me veía fijamente, no es algo que necesitas ver… simplemente lo sientes. Parecía tener ganas de hablar, lo cual era realmente estúpido puesto que iba acompañado, pero al mismo tiempo yo también necesitaba de alguien con quién hablar.

-Bueno, si no estás esperando a nadie… podrías acompañarnos- sugirió mirando hacia donde estaba el otro que también miraba en nuestra dirección.

Miré en dirección de donde estaba el otro y éste me dirigió una pequeña y quizá algo incómoda sonrisa. Miré al que estaba frente a mí y casi podría jurar que mi rostro reflejaba claramente el shock en el que estaba.

- Eh… ¿aunque quizá te he hecho sentir incómoda?- musitó haciendo un mohín. Se me escapó una sonrisa burlona ¿apenas se había dado cuenta?

- No, está bien- accedí. Me acerqué a mi mesa, tomé mi laptop, la bolsa y lo puse en la mesa de enfrente. Justo donde estaban ellos.

- ¿Trabajan para el presidente?- pregunté. Se miraron entre ellos notablemente confundidos- Los lentes- apunté.

Ellos tocaron sus Ray Bans y soltaron una risita divertida.

- Estamos en cubierto- musitó por fin el más blanco. Entonces bajé la mirada y seguí tecleando.

- ¿En qué estás trabajando tanto?- preguntó mientras recorría su silla hacia mí cual niño pequeño y curioso.

- Estoy…- dejé de teclear y observé el montón de documentos Word que tenía abiertos. Escritos y mi currículo.- Trabajo en un nuevo currículo, porque al parecer el otro es peor que pisar popó de perro descalzo- otra risita divertida. Había algo extraño con ese par… además de su extraño acento y al parecer poca habilidad de pronunciar la R sin que sonara como G.

- ¿Y por qué dices que es tan malo?- preguntaron al mismo tiempo.

-Bueno… si en realidad quieren saber- musité mientras cerraba la laptop y la ponía en su mochila- he sido rechazada de sesenta y cuatro trabajos y despedida de dos, creo que mi currículo necesita que lo mejore de alguna manera- me reí.

- ¿Sesenta y cuatro veces?- preguntó el de trenzas- Vaya, realmente lo siento… eso debe apestar.

- Desafortunadamente sí- suspiré- de todas formas no quiero rendirme aun, aun quiero alcanzar mi sueño- aseguré.

- ¿Cuál es tu sueño?- miré la bolsa de la laptop y luego los miré a ellos. Di un sorbo a mi té y me dispuse a hablar.

- Bueno… toda mi vida he querido hacer dos cosas, una ser psicóloga con mi propio consultorio y dos ser escritora- hice una pausa para reacomodar mis pensamientos- lo de psicóloga ha sido cumplido a la mitad, quiero decir… acabo de titularme, lo del consultorio es otra historia… Y lo de escritora, me gustaría que me publicara una gran editorial o que algún director me comprara alguna de mis historias para hacerla mierda en Hollywood- nos reímos. Había puesto una barrera que de alguna manera estaba viniéndose debajo de a poco.- Pero a veces…- hice otra pausa. Podría jurar que estaban estudiándome desde el otro lado de esas oscuras gafas- Siento que he fallado completamente, quiero decir… no importa que hago, no parece que avance en la vida, parece que me quedé atorada en algún punto y sólo me tengo a mí misma para seguir impulsándome por mis sueños ¿saben?- me rasqué el cuello- Siento que hay algo que estoy haciendo completamente mal y que estoy desaprovechando mi tiempo. Y ya no quiero hacerlo, estoy aquí por mí ¿saben? Pero de todas formas, no importa lo que haga, no parezco poder complacer a nadie.

Noté cómo el par le daba un sorbo a su té y lo depositaban en la mesa al mismo tiempo. Probablemente ahora creían que estaba más chiflada que un pájaro loco. Prácticamente les había contado toda mi historia.

Se miraron mutuamente y lanzaron un suspiro. Sonrieron y asintieron. El más blanco puso sus manos en la mesa y habló.

-Por experiencia, y creo que hablo por los dos… puedo decirte que el éxito no tiene un receta en específico. Sólo llega. El único secreto es que hay que trabajar mucho y no rendirse y por lo visto tú no te has rendido- asentí.- debes seguir así, sin que te importen los demás… vive para ti, vive el segundo como si fuera el último y nunca olvides de dónde vienes- dijo alzando el dedo y apuntándome.- Muchas veces te vas a sentir extraña, porque parece un mundo perfecto y sentirás que no puedes más… pero mejor tómalo como que ellos son los extraños, no tú.

- El hecho es que las personas exitosas son exitosas porque se atrevieron a hacer cosas que las personas que no son exitosas no se atrevieron- recordó y una gran sonrisa esbozó de los labios del que me había invitado a sentarme con ellos.- El mundo es hermoso… lo que pasa es que todos ponemos una pared y no confiamos cuando alguien que ya se atrevió a verlo nos dice que es hermoso, a veces es necesario que tú misma lo veas… quiero decir, debes estar dispuesta a arriesgarte, a caer, a llorar y todo lo demás… si les crees sin antes ver el mundo más allá de ese muro que te creaste nunca podrás disfrutarlo como ellos…

- ¿Alguna vez se han sentido así?- les pregunté.

- Claro- musitó el de trenzas- Pero creo que todos nos hemos sentido así en un punto u otro en la vida. Sólo tienes que encontrar el motivo suficiente para ayudarte a ti mismo a salir de eso. Es tu vida y nadie puede decirte qué debes hacer y qué no puedes hacer…

- A menos que sean tus padres y seas menor de edad- interrumpió el otro mientras sorbía el líquido del vaso.

- Cállate que estoy hablando, Bill- ¿Bill? Seguí escuchando- el hecho es que… yo creo que uno hace que el trabajo sea para sí mismo y no al revés. Un trabajo se supone que te haga feliz y te traiga felicidad, creo que tu carrera nunca te abandonará a menos que realmente hagas algo jodidamente malo y te despidan y arruines tu vida- suspiré y solté una risita y derramé un poco de mi té sobre la mesa. ¿Quiénes eran? Por algún motivo ellos estaban despertando algo en mí que hacía mucho se había quedado dormido. Me sentí cómoda de nuevo y que de nuevo podría confiar en mí.

- ¿Son así de positivos siempre?- pregunté- ¿Siempre están tan calmados y llenos de paz? ¿Sin preocupación alguna en el mundo?

- Por supuesto que no siempre estamos tan calmados, tenemos nuestras propias preocupaciones- farfullaron al mismo tiempo.

- Ha habido puntos en los que dudamos de nosotros mismos pero sabemos que si seguimos trabajando muy duro algo bueno saldrá de ello.- concluyó el tal Bill.

- ¿Y obtuvieron lo que querían al final?- me sonrieron cálidamente e hicieron una larga pausa, el de trenzas dio un sorbo a su té mientras el más blanco se quedaba observando el vacío.

- Creo que se puede decir que conseguimos lo que queríamos al final- asintió el que hace unos momentos habían llamado Bill.

- ¿Y son felices?- se miraron mutuamente y después me miraron directamente.

- Sí…- respondió el de trenzas- Podría decirse que lo somos…

El teléfono de uno de ellos sonó. El blanco lo sacó y miró lo que probablemente había sido un mensaje de texto. Inmediatamente respondió a quien fuese que lo hubiese contactado. No quise sonar grosera cuando lo dije, pero lo fui:

- ¿Quiénes son?- pregunté de manera golpeada.

Me miraron y me ofrecieron la sonrisa más grande y sincera que en la vida se me hubiese cruzado jamás.

- Sólo un par de amigos- el tal Bill hizo una seña al trenzado y comenzaron a levantarse.

- ¿No pueden quedarse?- pregunté apurada.

- Lo sentimos, nos tenemos que ir… realmente sólo nos habíamos dado una escapadita pero tenemos un montón de cosas que hacer- tomaron sus gigantescos vasos de té- fue un gusto conocerte- dijeron a coro y comenzaron a alejarse de ahí.

Me di cuenta de que nunca me había presentado ni les había dicho mi nombre. Antes de que alcanzaran la puerta grite “Hey” y ellos se giraron.

- También fue un gusto en conocerlos.

Sonrieron y me saludaron con la mano. Entonces noté cómo la manga de la sudadera negra se recorría y me permitía dar una rápida mirada al brazo del más blanco que vestía un tatuaje que yo conocía muy bien. Una leyenda en alemán y finamente trazada que recitaba “Freiheit 89”. Sólo unos finos trazos y se había ido. Supe enseguida con quiénes había estado hablando y me quedé asombrada ¿cómo no me había dado cuenta? ¡Era más que obvio!

Me senté de nuevo en la mesa tratando de terminarme mi café. Tomé lo que me habían dicho muy en serio. Es cierto… sólo los que se arriesgan, recuerda muy bien de dónde vienen y a dónde van y trabajan muy duro por conseguirlo son los que tienen éxito. Había llegado el momento en que me pusiera a trabajar en serio, dispuesta a sobresalir, brillar y lograr mis cometidos y por primera vez… me sentí completamente renovada. Completa y hermosamente renovada.

Ésta vez me sacudiría los miedos y vería el mundo del otro lado de la pared.


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Es mi primer one-shot y tenía ganas de hacer algo diferente y que no fuera de romance y a parte pudiera ayudarnos en algun momento difícil. Espero les guste.



XOXO.
H.

Helena Stark

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Re: 20 Minutos que cambiaron mi vida.

Mensaje  LuxuryBarbie el Miér Jul 27, 2011 7:13 am

Pues para ser el primero está genial!
Ha tendio puntos buenos Smile

Besos.
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LuxuryBarbie

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