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Demonios Personales (ADAPTACIÓN)

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Demonios Personales (ADAPTACIÓN)

Mensaje  7q8w el Dom Jun 03, 2012 3:29 pm

Hola, soy nueva y ya he puesto esta historia en varios sitios... es una adaptación de un libro:
Demonios Personales
Lisa Desrochers


......................
Capítulo 1

Narra Tom
Si hay un Infierno en la Tierra, es el intituto. Y si hay alguien lo bastante cualificado como para hacer esa afirmación, ese soy yo. Cojo aire profundamente -casi he perdido la costumbre ya que los demonios no tenemos que respirar-, miro hacia el cielo amenazador, esperando que aquello sea un buen augurio y abro con un fuerte empujón la pesada puerta de seguridad. Los lúgubres pasillos están desiertos, pues el primer timbre de la mañana sonó hace ya casi cinco minutos. Solo estoy yo, el detector de metales y un encorvado guarda de seguridad con un arrugado uniforme azul. Se revuelve sentado en una agrietada silla de plástico, me mira y frunce el ceño.

-Llegas tarde. El carné -dice en un tono áspero.

Lo observo durante unos segundos, seguro de que podría derribarlo con un suspiro, y no puedo evitar una sonrisa cuando las gotas de sudor empiezan a emanar de su grasienta frente. Me alegra descubrir que todavía tengo esa facultad, pese a estar más que harto de este trabajo. Cinco milenios haciendo el mismo papel pueden acabar con los ánimos de un demonio. Pero, este viaje, el hecho de que un fracaso pueda acabar en desmembramiento y en el pozo del Fuego Eterno, es toda la motivación que necesito.

-Soy nuevo -digo.

-Pon la mochila sobre la mesa.

Me encojo de hombros y le enseño las manos. No llevo ninguna mochila.

-Dame el reloj, hará sonar el detector.

Me quito el reloj y se lo doy al viejo mientras paso por el detector de metales. Me vuelve a dar el reloj y dice con tono seco:

-Ve directo a secretaría.

-Ningún problema -le digo, ya caminando.

Vuelvo a ponerme el reloj y abro con fuerza la puerta de la secretaría, que golpea violentamente contra la agrietada pared, y la antigua secretaria levanta la vista, sobresaltada.

-¿Puedo ayudarte en algo?

La oficina es tan sosa y está tan poco iluminada como los pasillos, excepto por las notas de colores brillantes que cubren cada milímetro de yeso como si fueran un psicodélico papel de pared. Hay una placa que anuncia que la secretaria se llama Marian Seagrave y estoy seguro de poder oír el crujido de sus articulaciones cuando se levanta de la silla. Tiene más arrugas que un perro Shar Pei y el obligatorio pelo corto y rizado de las típicas mujeres viejas. Su cuerpo redondo está embutido en el típico uniforme de ancianos: pantalones de poliéster color turquesa y una blusa con estampado de flores a conjunto metida por dentro de los pantalones.
Me deslizo hasta el mostrador y me inclino hacia ella.

-Tom Kaulitz. Primer día -le digo mostrando mi mejor sonrisa, la que siempre consigue hacer que los mortales se sientan un poco desconcertados.

Ella me mira unos segundos antes de encontrar la voz.

-¡Oh, bienvenido al instituto Haden, Tom! Deja que te busque tu horario. Golpea con fuerza el teclado de su ordenador y la impresora cobra vida. Escupe mi horario, el mismo horario que he tenido durante los últimos cientos de años, desde el advenimiento del sistema educativo moderno. Hago lo que puedo por mostrar interés cuando ella me lo da y me dice:

-Aquí lo tienes, y también el número de tu taquilla y la combinación de la cerradura. Tienes que pedir una hoja de admisión a cada profesor y traerla aquí al final del día. Ya te has perdido la tutoría de hoy, así que deberías ir directamente a la primera clase. Vamos a ver... sí, inglés avanzado con el señor Snyder. Aula 616. En el bloque 6. Al salir de aquí a la derecha.

-Gracias -digo con una sonrisa. No está de menos tener a favor a los de administración. Nunca se sabe cuándo puedes necesitarlos.

Suena el timbre mientras salgo por la puerta y me dirijo a los, ahora sí, abarrotados pasillos, y el olor a humanidad que emana del mar de adolescentes llega a mí a oleadas. Puedo oler el ácido y cítrico aroma del miedo, el amargo olor a ajo del odio, el anís de la envidia y el jengibre de la lujuria. Un gran potencial.
Yo trabajo en Adquisiciones, pero normalmente mi trabajo no es marcarlos, solo sembrar la semilla e introducirlos en el camino hacia el fuego eterno. Los intruduzco en los pequeños pecados. Pecados de principiantes, si lo quieres llamar así. No lo bastante graves como para marcarlos para el Infierno, pero sí para encaminarlos en nuestra dirección. Ni siquiera necesito utilizar mi poder, no es que me sienta culpable al hacerlo. La culpa no se encuentra entre el repertorio de emociones demoníacas. Simplemente, es más honesto que se acerquen al pecado por voluntad propia. Y otra vez, no es que me preocupe la honestidad, es que del otro modo resulta demasiado fácil.

En realidad, las reglas no están claras. A no ser que sus almas ya estén marcadas, no podemos ni forzar a los mortales a hacer nada ni manipular sus acciones de ningún modo. Todo lo que puedo hacer con mi poder es nublarles los pensamientos, borrando ligeramente la línea que separa el bien del mal. Cualquiera que te diga que fue el Demonio el que le hizo hacer algo, está diciendo una vil mentira.

Me deslizo por el pasillo, absorbiendo el aroma de los pecados adolescentes, tan pesado en el aire que hasta se puede saborear. Mis seis sentidos zumban ante las expectativas. Porque este viaje es diferente. Estoy aquí por un alma en particular y, mientras me dirijo al bloque 6, un restallido de roja y caliente energía me recorre el cuerpo, es una buena señal. Me tomo mi tiempo, andando despacio por entre la multitud y analizando las posibilidades, soy el último en llegar a clase, justo antes de que suene el tiembre.

El aula 616 no es más luminosa que el resto del instituto, pero por lo menos se ha hecho un intento por redecorarla. Fotografías de las obras de Shakespeare, aunque me fijo en que solo se trata de las trajedias, adornan las paredes. Las mesas están agrupadas de dos en dos y casi todas llenas. Me dirijo por la fila del medio hacia la mesa del señor Snyder con el horario en la mano. Él gira su delgada cara hacia mí, con las gafas apoyadas juso en la punta de su larga y recta nariz.

-Soy Tom Kaulitz. Necesito una hoja de admisión o algo así -digo.

-Kaulitz... Kaulitz... -Se pasa la mano por el pelo grisáceo mientras examina la lista de nombres hasta que encuentra el mío-. Aquí estás.

Me da una hoja de admisión amarilla, una libreta y una copia de "Las uvas de la ira" y vuelve a mirar la lista.

-Muy bien, te sentarás entre el señor Butler y la señorita Black.

Luego se pone en pie, colocándose las gafas en su sitio y estirando las arrugas imposibles de estirar de su camisa blanca y caqui.

-Escuchad todos -anuncia-. Vais a cambiar de sitio. Todos a partir de la señorita Black tenéis que moveros un sitio a la derecha. Vais a tener un nuevo compañero en clase de readacción para el resto del semestre.

Muchos de los pequeños roedores refunfuñan, pero todos hacen lo que se les ha dicho. Me siento en el lugar que me indica el señor Snyder, entre el señor Butler, un chico alto, delgado y con gafas, una piel deteriorada y evidentes problemas de autoestima, y la señorita Black, cuyos ojos azul zafiro miran directamente a los míos. Ningún problema de autoestima en ella. Siento que la electricidad recorre mi cuerpo bajo mi piel mientras la miro moviendo mi piercing, tanteándola. Es una chica pequeña, con pelo ondulado y rubio rojizo que lleva recojido en una coleta en la base del cuello, piel clara, y fuego. Una buena candidata. Nuestras mesas están juntas, así que parece que tendré infinitas oportunidades de tantearla.

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CONTINUARÁ
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Re: Demonios Personales (ADAPTACIÓN)

Mensaje  7q8w el Lun Jun 04, 2012 4:07 pm

Capítulo 2

Narra Julie
Bien, no soy del tipo de chicas que se derrite con cualquiera, pero ¡Santa Madre de Dios!, no puedo creer lo que acaba de entrar en clase de inglés. Alto, atractivo y peligroso. Mmm... nada como un caramelo para los ojos a primera hora de la mañana para hacer que el día empieze bien dulce y que incluso pudra mi cerebro. Y, ¡premio!, por lo que parece, vamos a ser compañeros de redacción, porque el obsesivo-compulsivo del señor Snyder me va a hacer moverme un sitio para dejárselo a él. Dios debería prohibir que nos sentaran de otro modo que no fuese el típico "chico-chica".
Mis ojos se deslizan lentamente sobre su camiseta ancha negra y sus vaqueros, sin mencionar el cuerpo que se esconde debajo, un cuerpazo, mientras él camina lentamente y se sienta a mi izquierda. Desliza su alto cuerpo entre la mesa y la silla con la gracia de un travieso gato, y juraría que la temperatura del aula acaba de subir diez grados. La tenue luz del aula ilumina el piercing de acero que atraviesa su labio mientras me mira con fijeza a través de los ojos miel más bonitos que haya visto jamás.
El señor Snyder se pasea por el aula un momento y luego, haciendo callar a todos, dice:

-Sacad vuestras libretas y "Las uvas de la ira". Como el señor Steinbeck fue incapaz de encontrar el momento adecuado para cortar entre las setenta y una páginas del capítulo 26, supongo que recordaréis que nosotros le impusimos un final arbitrario al final de la página 529. Hoy leeremos el resto del capítulo en clase y analizaremos los argumentos principales de Steinbeck.

El chico misterioso, por fin, aparta la mirada y yo me siento como si me hubieran registrado por dentro, pero no de una manera negativa, si es que eso tiene algún sentido. Me siento como si me hubiera hecho un análisis de dentro hacia afuera y que le hubiera gustado lo que ha visto.

-Señorita Black, ¿le importaría unirse a nosotros?

La voz del señor Snyder es como un jarro de agua fría sobre la cara, cosa que probablemente necesitaba, porque todo está subiendo de temperatura en mi interior.

-Eh... ¿qué?

-Bonito artículo el del "Boston Glove" de ayer. Creo que han captado la esencia de su programa. Me gustó sobre todo la foto -dice con una sonrisa-. ¿Le importaría empezar la lectura, por favor? Página 530.

Miro a todos a mi alrededor y todos tienen los libros abiertos, incluso el chico misterioso. El mío sigue sigue en mi mochila. Tampoco soy del tipo de chicas que se ruborizan fácilmente, pero siento que me arden las mejillas mientras lo saco, lo abro y empiezo a leer. Mi boca articula la descripción que Steinbeck explica la muerte del pastor Casy a manos de un extraño, blandiendo un asa con forma de púa, mientras su amigo observa. Pero mi mente apenas registra nada de eso, porque soy consciente de la presencia del chico misterioso, sentado a unos centímetros de mí, mirándome sin pestañear.
Me atranco con las palabras cuando se acerca todavía más y capto su olor a canela. Mmm...
El señor Sneyder viene a mi rescate.

-Gracias, señorita Black. -Sus ojos ecrutan la clase.

"Elije al chico misterioso" -pienso yo.

Me sonríe y luego su mirada se posa sobre el chico misterioso.

-Señor Kaulitz, ¿podría continuar, por favor?

El chico misterioso todavía me está mirando, con una sonrisa irónica posada en la comisura de sus labios.

-Claro -dice, y su voz suena como la miel caliente, suave y pegajosa, mientras empieza a leer. Pero sus ojos no se apartan de los míos para posarse en el libro:
>>Miró al pastor. La luz atravesaba las piernas del pesado hombre y el asa blanca con forma de púa. Dió un brinco en silencio. Cogió el garrote. La primera vez supo que había fallado y le dio en un hombro, pero la segunda vez el golpe le acertó en la cabeza y mientras el hombre caía al suelo, tres golpes más encontraron su cabeza...<<

Parece que está disfrutando con el truculento pasaje. Que realmente lo está saboreando. El señor Snyder cierra los ojos como si estuviera meditando. Deja que el chico misterioso lea hasta el final del capítulo, que es mucho más de lo que nadie en clase ha leído en todo el año. Miro a mi alrededor en clase y todos, incluso el tipo duro y sabelotodo de Marshal Johnson, parecen hipnotizados.

-¿Quiere que siga leyendo el capítulo 27, señor Snyder? -pregunta el chico misterioso, y el señor Snyder despierta bruscamente de su trance.

-Oh... no. Gracias, señor Kaulitz. Es suficiente. Muy bien leído. Muy bien, clase, el resumen de los temas principales que trata el señor Steinbeck en la segunda parte del capítulo 26 tiene que estar terminado antes de la clase de mañana por la mañana. Tenéis el resto de la hora para trabajar.

El chico misterioso se gira hacia mí cerrando el libro y me encuentro perdida en sus ojos por un momento.

-Bien, señorita Black, ¿tienes un nombre de pila?

-Julie, ¿y tú?

-Tom.

-Encantada de conocerte. Ha sido un buen truco.

-¿Qué? -Sus ojos brillan mientras una malvada sonrisa se esparce por su rostro.

-Lo de leer sin mirar el libro.

Se apoya contra la silla y la sonrisa parece que le tiembla ligeramente.

-Te equivocas.

-No, no me equivoco. Ni siquiera le echaste un vistazo al libro hasta que no ibas por la segunda frase, y pasabas las páginas más tarde. ¿Por qué has memorizado a Steinbeck?

-No lo he hecho.

Es un mentiroso, pero, antes de que pueda seguir, cambia de tema.

-¿Por qué un artículo en el "Globe"?

-Nada importante. Es solo un proyecto en el que enviamos cartas a los niños de Pakistán. Una especie de amigos por carta, supongo. Es un modo de ayudarnos a entendernos unos a otros... ya sabes, las culturas y todo eso.

Hay una expresión cínica en su rostro.

-Ya.

-¿Quieres un nombre? -Busco en mi mochila y saco una carpeta-. Tengo unos pocos más.

-Deja que me lo piense. Supongo que somos compañeros de redacción, signifique lo que signifique eso.

-Eso parece. -A pesar de lo de leer sin mirar el libro, no me quejaré. Definitivamente está un paso o veinte por delante de Aaron Daly, que se ha llevado sus mocos a la otra fila y ahora se sorbe la nariz sobre la libreta de Jenna Davis en lugar de sobre la mía.

-Se supone que tenemos que hablar sobre la lectura y hacer un resumen del capítulo con todos los puntos importantes. El señor Snyder es muy bueno debatiendo -le digo entornando los ojos. Toda una puesta en escena, en realidad, porque yo me muero por debatir cualquier cosa con el chico misterioso-. ¿Qué piensas sobre el dilema del protagonista, Tom?

Y escribo "Tom & Julie - Capítulo 26-2. Resumen" en la parte superior de una hoja en blanco de mi libreta.

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CONTINUARÁ
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Re: Demonios Personales (ADAPTACIÓN)

Mensaje  Nicol (Nikki) Kaulitz ㋖ el Lun Jun 25, 2012 8:29 pm

7q8w ¿qué tal? Es un placer .... mmm... (tú nombre) Wink

Debo admitir que me ha gustado mucho; qué lastima que me encontraba sin Internet y no había podido comentar... Pero, se puede decir que el título me atrajo, la primera linea me... ¿sedujo? y el primer capitulo me ha envuelto Smile jajá
Está excelente, en serio. Espero puedas continuar, sería estupendo saber que planea hacer el sexy demonio.

Continúa por fa bounce
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Nicol (Nikki) Kaulitz ㋖
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Re: Demonios Personales (ADAPTACIÓN)

Mensaje  7q8w el Dom Jul 01, 2012 12:11 pm

Nicol (Nikki) Kaulitz ㋖ escribió: 7q8w ¿qué tal? Es un placer .... mmm... (tú nombre) Wink

Debo admitir que me ha gustado mucho; qué lastima que me encontraba sin Internet y no había podido comentar... Pero, se puede decir que el título me atrajo, la primera linea me... ¿sedujo? y el primer capitulo me ha envuelto Smile jajá
Está excelente, en serio. Espero puedas continuar, sería estupendo saber que planea hacer el sexy demonio.

Continúa por fa bounce

Jo, gracias por comentar, en serio. Y me llamo Cristina, pero me dicen Cris Very Happy
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Re: Demonios Personales (ADAPTACIÓN)

Mensaje  7q8w el Dom Jul 01, 2012 12:13 pm

Capítulo 3

Narra Tom
La observo mientras escribe "Tom & Julie - Capítulo 26-2. Resumen" en su libreta y, cuando termina, le contesto.

-Creo que ha tomado algunas decisiones y ahora tiene que pagar las consecuencias, una de ellas es arder eternamente en el Abismo.

Me mira llena de incredulidad.

-Así de simple, ¿eh? Sin circunstancias atenuantes. ¿Sin segundas oportunidades?

-No. No creo en las segundas oportunidades. -El Infierno no es muy dado a ese concepto.-

Ella se reclina en su silla y cruza los brazos sobre el pecho, examinándome.

-¿Nunca has cometido un error? ¿Nunca has hecho nada de lo que después te arrepientas?

-No.

-Todo el mundo tiene algo que le gustaría poder deshacer.

Me inclino hacia ella y miro esos ojos color zafiro.

-¿Qué te gustaría poder deshacer a tí, Julie?

Ella se estremece cuando digo su nombre, y me doy cuenta de que estoy siendo injusto. He dejado caer un poco de mi poder sobre ella sin quererlo ni necesitarlo. Pero me gusta la reacción.

Cuando responde, hay algo más que un atisbo de dolor en su tono de voz y un tenue olor a rosas, tristeza. Busco en lo más profundo de sus ojos para encontrar la raíz de ese sentimiento.

-Muchas cosas -dice sin apartar la mirada.

Por alguna razón, de pronto, no quiero que nada le haga daño. Estoy decidido a hacerla feliz. Solo hace falta un pequeño empujonzito... Basta. ¿De dónde diablos ha salido eso? Ni siquiera reconozco la sensación que va unida a ese sentimiento. Los demonios no tienen sentimientos. No como esos. Esto no es una misión de caridad... estoy aquí con un propósito claro, y Julie promete. Promete mucho. De hecho, empiezo a desear que sea ella. Y cuando suena el tiembre, me doy cuenta, para mi propio asombro, que es su mirada la que mantiene a la mía y no al revés. Esto será interesante.

Ella parpadea como si se despertara de un sueño y baja la mirada a su libreta vacía.

-Bueno... supongo que no hemos avanzado mucho.

-Yo no diría tanto. -Y le paso mi libreta.

Ella lee los diez puntos escritos en mayúsculas bajo el encabezado: "Tom & Julie, Temas Steinbeck - Capítulo 26-2" y frunce el ceño.

-Oh... bueno, supongo que está bien. -Incrédula otra vez. Es fogosa. Me gusta el fuego. Me hace sentir como en casa.

-¿Ya has encontrado tu taquilla en este laberinto? -pregunta, metiendo los libros en su mochila y levantándose.

-Aún no la he buscado. -Yo recojo mis pocas posesiones: mi libreta y "Las uvas de la ira".

-Bueno, esto solo puede ir a peor, así que a no ser que quieras llevar todas tus cosas siempre encima, yo puedo ayudarte a encontrarla.

Mientras vamos hacia la puerta, saco del bolsillo trasero de mis pantalones el trozo de papel con el número de taquilla y de combinación.

-Número... vaya. -Sonrío. A veces el mundo mortal es curioso.

-¿Qué?

-666 (número del diablo) -digo, y ella me mira divertida.

-Oh. Eso está aquí -dice señalando hacia el otro lado del pasillo-. Justo al lado de la mía.

Aunque sé que el destino es una estupidez, solo una excusa para los mortales para tomar decisiones que no tomarían, esto es una señal. La miro con más detenimiento. Si ella es "ella", cosa que cada vez me parece más probable, tengo que marcar su alma para el Infierno antes de que algún maldito ángel se me adelante. Lo que básicamente significa: ya. Porque el hecho de que haya sido tan difícil de localizar, probablemente significa que ha estado protegida por ellos. Si la han protegido, la estarán vigilando. No tardarán mucho en saber que la he encontrado. Inspecciono el concurrido pasillo. Muchos candidatos, pero ningún ángel, por ahora.

Ella empieza a cruzar el pasillo hacia la taquilla y yo me quedo unos segundos atrás para admirar la vista antes de seguirla. Es pequeña, un metro sesenta aproximadamente. Casi 20 centímetros más pequeña que mi forma humana. Pero no es una niña. Tiene curvas en las zonas adecuadas.

Me río de mí mismo. Aunque la lujuria es uno de los siete pecados capitales, no es la que me trajo aquí; pero la he usado para sacar provecho unas cuantas miles de veces. Esto será divertido.

Cruzo el pasillo a grandes zancadas y me uno a ella justo cuando llega justo cuando llega a su taquilla. Giro la cerradura de mi taquilla unas cuantas veces y se abre.

-¿Cómo has hecho eso? -me pregunta, como si pudiera saber que he utilizado mi poder.

-¿El qué?

-A principio de curso yo tuve esa taquilla y la cambié porque la cerradura estaba rota.

-Hmm. La habrán arreglado. -Tengo que tener más cuidado. Esta mortal es extraordinariamente observadora. En clase metí la pata al no poner los ojos en el libro, cosa que ella vio porque sus ojos tampoco estaban en el libro. Y ahora con la taquilla, porque cuando pruebo la combinación real descubro que tiene razón: está rota.

Ella parece escéptica.

-Supongo que sí, aunque aquí nunca arreglan nada. Bienvenido al instituto Hades.

¡No me jodas!

-¿Perdona? ¿Instituto Hades?

-Sí, ¿lo coges? Instituto Haden, instituto Hades. Solo es una letra, pero describe mucho mejor este agujero.

-Hmm.

-¿No estás de acuerdo? -Ella señala la escayola agrietada, la pintura pelada, las bombillas quemadas, el linóleo gris arrancado y las abolladas taquillas de metal grises que nos rodean.

-Pues entonces parece que he elegido el sitio adecuado. -Una sonrisa se extiende por mi cara. Es perfecto que mi objetivo vaya a un instituto apodado Hades. Esto es genial.

Ella aparta la mirada y mete las manos en la taquilla, pero no puede esconder la sonrisa que asoma en la comisura de sus labios.

-Si tu sitio adecuado es este pueblo pesquero de mierda, es que eres más patético de lo que creía.

Me río, no puedo evitarlo, y luego me estremezco cuando capto una fragancia a jengibre en Julie. Mmm... deben irle los patéticos.

-¿Cómo es que has cambiado de instituto un mes antes de la graduación?

Sonrío en mi interior.

-Negocios.

-¿De tu padre? -me pregunta.

-Se podría decir que sí.

Ella me mira y su frente se arruga mientras intenta entender qué significa eso. Luego cierra su taquilla de un portazo.

-Bueno, ¿qué tienes ahora?

Yo saco el horario del bolsillo trasero de mi pantalón y lo abro de una sacudida.

-Parece que matemáticas, aula 317.

-Oh, tienes a la señora Felch. Lo siento mucho.

-¿Por qué? ¿Qué pasa con la señora Felch?

Justo entonces suena el timbre. Ella se encoge de hombros.

-Primero, que te castiga si no estás en tu sitio cuando suena el timbre, así que lo siento, y lo segundo, que muerde.

-Mmm. Eso lo veremos. -Cierro mi taquilla de una patada y me doy la vuelta para dirigirme al edificio 3, y no intento esconder la sonrisa que se dibuja en mis labios cuando sus ojos me perforan la espalda mientras recorro el pasillo. Un buen comienzo.

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Re: Demonios Personales (ADAPTACIÓN)

Mensaje  7q8w el Dom Jul 01, 2012 12:14 pm

Capítulo 4

Narra Julie
Resulta que en el laboratorio de física estoy un poco preocupada porque, para resumir, soy una negada. Por suerte, mi compañero, Carter, es un rarillo obsesionado por la ciencia que siempre quiere hacerlo todo solo. Así que hoy me he apartado y he dejado que se ocupe del tablero de circuitos. Carter se sube las gafas y se encorva sobre el tablero como una madre protectora, mientras yo pienso en cómo es posible que Tom haya aparecido de la nada y haya hecho que me derrita. Cosa que nunca me sucede. Con ningún chico.

Estudio lo que Carter está haciendo, porque en realidad no es tan listo como él se cree, y de vez en cuando me juego la vida, o algún miembro, metiendo la mano para arreglar sus meteduras de pata. Pero cuando acaba la clase miro mis notas y veo que he escrito "Tom" en lugar de "ohmio" por todas partes. A boli. Mal asunto.

A pesar de mis esfuerzos, descubro que estoy casi corriendo hacia mi taquilla después de la clase doble de laboratorio. Pero justo cuando giro la esquina, una mano se posa en mi hombro. Me doy la vuelta y encuentro a Ryan Keefer, o Reefer para sus amigos. Se acerca a mí, demasiado, y me mira fijamente. Entonces sus labios forman una sonrisa torcida y yo sé lo que se avecina.

-Eh, tú -me dice, apartándose de la cara su pelo, que le llega hasta los hombros.

Yo me deslizo de donde intenta acorralarme.

-Eh, Reef, ¿qué pasa?

Él apoya su bajo y fornido cuerpo contra la pared y mira hacia su pandilla, que está en el pasillo, cerca de la puerta de la cafetería.

-Queremos que vuelvas -dice levantando ligeramente la barbilla.

Yo me doy la vuelta y empiezo a andar, fingiendo que ya no hace que se me acelere el pulso.

-Eso no pasará.

Él me corta el paso poniendo un brazo contra la pared.

-Quiero que vuelvas -me dice en voz baja.

Dudo lo suficiente como para coger aire antes de girarme hacia él.

Cuando lo hago, intento mantener una expresión dura, pero siento que el corazón se me derrite cuando lo miro a sus grandes ojos color verde.

-Escucha, Ryan, yo... no es por ti. -Me avergüenzo por cómo suena eso, pero es la verdad.

Él se desploma contra la pared y parece mareado.

-Genial. La excusa de no eres tú, soy yo. Lo que todo tío quiere escuchar.

-Lo siento, pero soy yo. Yo, no tú.

Él no puede esconder su frustración.

-¿Por qué? ¿Por qué eres tú?

-No sé. Supongo que no busco una relación seria.

Su sonrisa es dudosa.

-Eso lo podré soportar. Sin ataduras -dice él, como si creyera que voy a olvidar que me dijo que me quería.

Yo sonrío y le doy un empujoncito, no tiene sentido recordárselo.

-Seguro que sí.

-En serio, Julie, los chicos quieren que vuelvas. No encontramos a nadie tan bueno como tú.

-Ya sabéis cantar, no me necesitáis.

-Yo solo soy un apoyo. Necesitamos un cantante de verdad. Preferiblemente una mujer. Ya sabes, por la cuestión sensual.

Yo entorno los ojos.

-Lo siento. Deberíais hacer algo. Una prueba, por ejemplo. En este instituto debe de haber cientos de chicas que canten mejor que yo.

-Ya lo hemos hecho, y solo vino Jenna Davis, que canta como una cantante de ópera, y Cassidy O'Connor, que está buena, pero... -Se encoge de vergüenza.

-Conozco a una chica que es perfecta. Es amiga de mi hermana. Le daré tu número.

Empiezo a andar, pero su mano contra la pared me detiene. Yo me quejo interiormente y resisto la repentina necesidad de hacerle una llave y lanzarlo contra la pared.

Él se inclina, sus labios rozándome la oreja, y siento su fragancia a almizcle juvenil. Él baja sus callosos dedos de bajista por mi brazo, haciendo que me estremezca.

-Pero yo te quiero a ti. Te echo de menos, Julie.

Mi corazón palpita con fuerza mientras recuerdo lo bien que me hacían sentir aquellos labios, pero consigo reaccionar. "Tú no me quieres".

Me encojo de hombros, me escabullo por debajo de su brazo y me marcho corriendo por el pasillo, y descubro que mi taquilla está rodeada de chicas. Es el típico interrogatorio del instituto Haden, con Tom justo en el medio. Están Stacy Ravenshaw y sus animadoras guarras; Cassidy O´Connor, la casta belleza irlandesa; Valerie Blake, la alta, morena y espectacular capitana del equipo de voleibol; y en medio, de frente, Angelique Preston, la diosa de último año: rubia, guapa y de enormes pechos, pero con la inteligencia de un charco de barro.

De repente, estoy furiosa. El pensamiento completamente ridículo y absolutamente irracional de "yo lo vi primero" atraviesa mi cabeza. Me imagino a mí misma abriéndome paso a golpes y empujones entre la agitada y palpitante multitud para llegar hasta él, arrancando mechones de pelo y sacando ojos por el camino.

Tengo que recuperar la compostura. Recurro a mi entrenamiento de judo para centrarme. Tras diez segundos de meditación y respiración pausada, me abro paso a empujones entre la jauría de admiradoras hasta mi taquilla, donde cambio los libros y me doy la vuelta para escapar... justo cuando aparece una mano que arde sobre mi hombro.

-Hola. ¿Qué tienes ahora? -Esa voz pegajosa, dulce y cálida está detrás de mí, tan cerca que puedo sentir su calor.

Me doy la vuelta y sonrío a Tom mientras la afilada hoja de la mirada de Angelique casi me corta por la mitad.

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Re: Demonios Personales (ADAPTACIÓN)

Mensaje  AkariKaulitz el Sáb Ago 11, 2012 2:14 pm

Hola soy nueva en tu fic y debo confezarlo ...Lo Ame.. No puedo esperar a saber que pasara Porfavor Publica pronto
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Re: Demonios Personales (ADAPTACIÓN)

Mensaje  7q8w el Sáb Ago 25, 2012 2:17 pm

Ok, ya volví. Siento haber tardado tanto.

Capítulo 5

Narra Tom
Se da la vuelta y siento cómo el olor de su furia, a pimienta negra, supera el olor de jengibre de la lujuria de todas las demás. Mmm... Es un buen comienzo. El primer paso. Le sonríe a Angelique y dice:

-Historia, el señor...

-¿Sanghetti, aula 210? -la interrumpo.

-¿Tú también?

-Sí. -Empiezo a alargar la mano para agarrarle el brazo mientras ella se da la vuelta y empieza a andar, pero me contengo porque he visto la manera en que se ha estremecido por el calor de mi tacto cuando la he cogido por el hombro. Soy, literalmente, demasiado caliente.

Miro a Julie de reojo y ella lanza su mirada al suelo.

-¿Y... luego tienes libre para comer? -me pregunta.

-Creo que sí.

-¿Quieres sentarte con mis amigas? -Parece indecisa, no tiene esa confianza ardiente.

-Aunque suena tentador, tengo algunas cosas que hacer. Quizás otro día. -La verdad es que toda la comida humana es repugnante, pero la de las cafeterías de los institutos... no puedo con ella.

-Como quieras -me dice ella, sin darle más importancia.

Capto un ligero olor a jengibre y todo mi cuerpo vibra como una cuerda de guitarra punteada y me atraviesa un ráfaga de calor. Es ella. Estoy seguro. Su alma debe ser marcada, pero no captada; lo que es bueno, porque la captación no se encuentra en la descripción de mi trabajo. Sin embargo, ha sido difícil. Los dos demonios que enviamos anteriormente no pudieron encontrarla y ahora están ardiendo en las profundidades del Infierno. Pero eran demonios menores, de tercer nivel. Así que ahora hemos enviado al mejor, que, por supuesto, soy yo. Mis instintos superagudos me han traído hasta donde estoy: el primer nivel, cerca del estatus de élite. Mis instintos nunca se han equivocado. Y adonde me han conducido ahora es el instituto Haden, justo en el camino de la señorita Black.

Entramos en la clase de historia y Julie se sienta cerca del centro del aula. Yo avanzo por el pasillo hacia el señor Sanghetti, recostado en su silla, sentado en la punta y con los pies encima de la mesa. Sonrío mientras imagino que tropiezo con la silla, sin querer, y cae al suelo.

-¿Señor Sanghetti?

Él levanta la mirada.

-Sí.

Le tiendo el horario y él entorna los ojos, suspira profundamente y con gran parsimonia y pesadez baja los pies de la mesa y levanta su fornido cuerpo de mediana edad.

-Supongo que necesitas una hoja de admisión.

-Eso es lo que me han dicho.

Revuelve en su mesa y, al final, saca un arrugado papel amarillo, luego se da la vuelta y coge un libro de texto del estante de detrás de su mesa. Vuelve a mirar mi horario y escribe en su lista el número de mi libro, al lado de mi nombre.

-Siéntate donde quieras, Thomas -me dice, tendiéndome el libro y haciéndome un gesto hacia el aula.

-Llámeme Tom.

-De acuerdo, Tom. Siéntate donde quieras -vuelve a decirme con otro gesto.

Yo me doy la vuelta y vuelto hacia donde está Julie, y ocupo la mesa a su derecha. Mientras me siento, el señor Sanghetti empieza a pasar lista.

-José Avilla. Jennifer Barton. -Las manos se van levantando-. Zackary Butler. Thomas Lucifer Kaulitz.

Los ojos de ella se disparan hacia los míos y se abren de golpe. Yo le sonrío.

-Mary Julie Black.

Siento que mi sonrisa se ensancha cuando Julie levanta la mano. Mary Julie. Vaya, esto tiene gracia.

Cuando el señor Sanghetti acaba de pasar lista, nos hace abrir el libro por la página 380 y nos aburre hablando de la caída de la Jerusalén cristiana durante las cruzadas.

Yo solo miro a Julie, perdón, a Mary Julie, y me río en silencio.
Y a mitad de la clase, Mary Julie me está devolviendo la mirada.

Entonces, las luces se apagan y una imagen de la antigua Jerusalén aparece en una pizarra interactiva.

-¿Cuál era el origen de la lucha por Jerusalén? -pregunta el señor Sanghetti. Unas cuantas manos se levantan, y yo escucho las respuestas, recordando cómo sucedió en realidad. El haber estado allí hace que todas las clases de historia a las que he asistido, unas cien, sean muy entretenidas. Es como ese juego en el que uno le susurra algo a la oreja de otro, y va pasando de persona en persona hasta que la última lo dice en voz alta y no tiene nada que ver con lo que dijo la primera.

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CONTINUARÁ
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Re: Demonios Personales (ADAPTACIÓN)

Mensaje  7q8w el Sáb Ago 25, 2012 2:17 pm

Capítulo 6

Narra Julie
Sigo observando a Tom, mierda, no lo puedo evitar, y durante toda la clase de historia ha tenido esa sonrisa de suficiencia en la cara. No sé de qué va, pero, ahora que lo pienso, quizás sea mejor que no venga a comer. No sé si estoy preparada para compartirlo con Taylor. Ella y Riley siempre me pegan la paliza con que soy la chica de la caridad: creen que siempre elijo a los mediopardillos necesitados. Riley cree que es una cuestión de control, y puede que tenga razón. No hago nada que no quiera hacer, y no acabaré en una relación en la que me sienta presionada. Pero también está el factor Taylor. Desdde que nos conocimos en cuarto curso, nuestra relación ha consistido en una rivalidad amistosa. Por desgracia para ella, yo siempre consigo las buenas notas. Por desgracia para mí, ella siempre consigue a los chicos. Bien mirado, los mediopardillos necesitados son la opción más seguro, sobre todo porque no son el tipo de Taylor.

Pero viendo cómo Tom le ha sonreído al señor Sanghetti, de dos cosas estoy segura: Tom no es un mediopardillo necesitado y Taylor va a ir por él. Así que, sea lo que sea esta locura que siento en mi interior, será mejor que la supere.

Todavía lo estoy observando. Y, por supuesto, él me pilla y clava su mirada en la mía. Cuando veo que no está respirando me doy cuenta de que yo tampoco. Cojo aire profundamente. Él parece darse cuenta ya también lo hace. Y sonríe. Y se me hace un nudo en el estómago.

-Tom, ¿alguna idea? -El señor Sanghetti está de pie frente a nosotros. ¿Cómo diablos ha llegado hasta aquí?

Tom se recuesta en la silla, entrelazando los dedos detrás de su cabeza y estirando las piernas hacia delante por debajo de su mesa, cruzándolas por los tobillos. Levanta la mirada hacia el señor Sanghetti.

-Bueno, es imposible señalar una única cuestión. Supongo que todo se reduce a la teología, aunque la primera cruzada ni siquiera empezó como una guerra religiosa. Creo que el papa Urbano estaba muy estresado porque los de Constantinopla le habían hechado un cable, así que intentaba sumar algunos puntos y devolverlos a su sitio.

El señor Sanghetti está allí mirándolo, con los ojos abiertos, durante un segundo, luego se da la vuelta y camina hacia la parte delantera del aula.

-Bueno, supongo que es una perspectiva. -Se da la vuelta hacia nosotros-. No necesariamente la perspectiva correcta, pero una perspectiva, sin embargo.

Tom se hecha hacia delante y pone los codos sobre la mesa. Sus ojos están encendidos. Entonces una sonrisa tranquila se dibuja en su cara.

-Bueno, si quiere creer que solo fue una gran maniobra de poder, también existe la opción de que unos nobles franceses estaban muy aburridos y necesitaban hacer algo.

Y el viejo cliché de salvado por la campana se hace realidad, aunque no estoy segura de a quién ha salvado exactamente, si a Tom o al señor Sanghetti.

Me giro para mirar a Tom.

-¿Thomas Lucifer?

-Sí, Mary Julie.

Lo miro con el ceño fruncido.

-¿Tu segundo nombre es Lucifer, como el Demonio?

Y vuelve a aparecer esa sonrisa perversa.

-En persona. De donde yo vengo es un nombre habitual.

Me levanto de la silla.

-¿Dónde es eso?

Sus ojos se encienden, hambrientos y ansiosos.

-Un lugar en el que no has estado nunca.

Me estremezco y niego con la cabeza.

-Hay que ver lo que algunos padres hacen a sus hijos.

Sus ojos color miel tienen un brillo divertido mientras anda conmigo hacia la puerta.

-Deja que adivine: Mary Julie... una buena familia católica con... espera, no me lo digas... ¿Ocho hijos?

-Cinco. -No me gusta su tono-. Hasta luego -le digo por encima del hombro mientras me doy la vuelta hacia la cafetería.

-Hasta luego -dice él, pero puedo sentir que sus ojos arden en mi espalda mientras me alejo por el pasillo.

Me veo arrastrada hacia la puerta de la cafetería por la ola humana y encuentro a Taylor y a Riley en nuestra mesa habitual, justo al lado de la puerta, para una fácil huida. Las paredes, el suelo y las mesas de la cafetería son de color verde vómito, para que el vómito de verdad no deje manchas. Solo con mirarlo ya me da sensación de malestar.

Riley está inclinada sobre un libro, pinchando su ensalada con un tendor de plástico. Taylor da saltitos en la silla. Su pelo con puntas amarillas y rosas vibra a lo loco. Entre los saltitos y la mirada lasciva de sus ojos sé que no podré quedarme con Tom. Se ha enterado.

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CONTINUARÁ
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